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Los jóvenes y la economía

18 de noviembre de 2008 · Clasificado en: Economía , trackback

Soy profesor de Economía en la Universitat de Barcelona. Mis alumnos apenas rozan la veintena. Pobres, no saben lo que significa una hipoteca y sin embargo están sufriendo una de las peores crisis mundiales por culpa del desenfreno de estas… En mis clases nocturnas, muchos estudiantes trabajan. Alguno incluso en la administración pública. Hasta ahora, desconocían las leyes de la demanda y de la oferta: “Por eso habéis venido al templo del saber – les digo irónicamente-, ¡para aprenderlas!”.

Les inculco que como futuros gestores públicos (o no) deben comprender las repercusiones de un impuesto o de una subvención. Les hago leer artículos, muchos de este diario, de opiniones tanto de monetaristas (liberales) como socialdemócratas (keynesianos). Les explico que mientras el céntimo sanitario ha tenido una nula repercusión en el mercado de gasolina (pero ha incrementado la recaudación fiscal de la Generalitat), la subvención de 210 euros a los jóvenes sólo ha logrado encarecer el precio de los alquileres más de un 15% en un año. Les cuento que estas medidas no responden (casi nunca) a criterios de eficiencia, sino de conveniencia política de un partido u otro.

Me preocupa que aprendan y que consigan comprender la realidad (económica) sin el filtro de la ideología política que predomina en cada momento histórico. Si explicara matemáticas, probablemente me sería más fácil. Lo que ha ocurrido con la economía en los últimos años (de crecimiento desaforado esencialmente inmobiliario) no es que nadie se haya dado cuenta antes de lo que se avecinaba, es que a quien le tocaba decidir cortarlo por lo sano simplemente no le convenía. Creo, humildemente, que les puedo enseñar a separar lo que “les gustaría que fuera” de lo que “es”, pero no sé si a su edad les podré inculcar valores como la honestidad o la capacidad de sacrificio personal. Espero que ya los posean y, si no, intentaré dejarlos caer en clase, a ver si cuelan.

Lamentablemente, tienen muy malos ejemplos públicos y privados, desde Zapatero hasta Rajoy, desde Solbes hasta Rato, desde alcaldes hasta concejales de obras públicas, desde presidentes de bancos y cajas de ahorros hasta directivos de inmobiliarias. Todos tenían los indicadores de que esta crisis iba a estallar, más tarde o más temprano. Pero prefirieron mirar para otro lado y cuando eran interpelados negar el problema. Y ahora, nadie pide disculpas. Nadie asume ningún mea culpa.Sería lamentable que por el camino que lleva a esos cargos se deba perder la ética e incluso la vergüenza.

Espero que mis alumnos, futuros gestores públicos (o no), además de conocer las leyes del mercado (¡que las conocerán muy bien!), sean honestos y actúen en pro del bien común. Lo espero de verdad.

JORDI GARCIA I SERRA – Profesor asociado de Economía en la UB

La Vanguardia

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