ir a la navegacion

Una mileurista a la que la burbuja inmobiliaria atrapó con dos hipotecas

20 de Agosto de 2008 · Clasificado en: Noticias , trackback

“Yo esto no lo hago ni por vicio ni por capricho. Estoy pagando una deuda enorme. Lo que gano prosituyéndome va al banco”. Silvia, una enfermera catalana, se vio atrapada de lleno en la crisis inmobiliaria. Se embarcó en la compra de un piso en lo más alto de la burbuja del ladrillo pensando que podía pagarlo con la venta de su anterior apartamento. Pero la burbuja estalló y ella se vio en las zarpas de dos hipotecas.
“Una prostituta argentina me dijo que, por ser catalana, podía cobrar el doble que una extranjera”, recuerda. Así que esta joven, que dice tener “una mentalidad sexual abierta”, contactó con un fotógrafo que le hizo un book. “Lo colgué en internet y tuvo un éxito increíble”, explica. En seguida empezó a tener clientes. “Me acuerdo del primero. Estuvimos cuatro horas y me pagó 1.400 euros”.
Un año después, su clientela es amplísima. “De empresarios a los que acompaño en viajes a Escocia o Ibiza a jóvenes que ahorran para estar una hora conmigo”, dice. Pero Silvia lo tiene claro: “La prostitución es un intercambio de necesidades. Yo tengo una necesidad económica, y ellos, sexual o afectiva”.

Pasar página
A la pregunta de cómo se siente tras cada relación, responde: “No me siento sucia. Al acabar el día, paso página”. Dice que puede salir cuando quiera. “Durante un periodo, lo dejé. Apagué el teléfono móvil. Volví a mi vida de mileurista. Comprobé que podía salirme y eso me dio cierta tranquilidad”, explica. Y avanza: “En cuanto salde la deuda lo dejaré”.
Insiste en que para hacer un trabajo como este hay que ser muy madura y capaz de “llevar dos vidas en paralelo”. Por eso ha mantenido una existencia al margen. “He estudiado y me he sacado un título”, cuenta.
Tiene claro cuál es la clave: “Mantener mi dignidad. Tú puedes pagar, pero yo voy a ser siempre yo. Por pagar, ni me vas a cambiar ni me puedes faltar al respeto, aquí las reglas las pongo yo”.
Dice haber desarrollado la intuición. “Las prostitutas –explica– tenemos que ser unas grandes psicólogas. Nunca sabes qué tipo de hombre te encontrarás cuando abras la puerta. Acabas desarrollando una capacidad para, en dos minutos, saber qué tipo de hombre es”.

Lo que no tiene precio
Porque, como ella misma señala, hay tantos tipos de hombres como clientes: “Están los que te llaman para calentarse, los que solo quieren sexo, los que quieren ser escuchados y los que buscan cariño”, detalla Silvia, a la que agota que “algunos hombres lo que busquen es que te enamores de ellos”. “No entienden que eso es justo lo único que no tiene precio”, afirma.
También lamenta la vida de las extranjeras que trabajan en clubs y carreteras: “Es triste pero los hombres que menos pagan son los que tratan peor a las chicas”.

El Periódico

Comentarios»

no comments yet - be the first?