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Vendería ya por lo mismo que compré hace cuatro años, lo de ganar con esto se acabó

17 de Julio de 2008 · Clasificado en: Noticias , trackback

La constructora Martinsa-Fadesa consiguió vender casi por completo la primera fase de la macrourbanización Costa Miño. De hecho, el pasado mes de mayo, en las oficinas solo quedaban disponibles cuatro de las 384 casas construidas en esta zona.

La mayoría de los compradores trata ahora de revender, alquilar o ambas cosas. Y muchos propietarios reconocen que cederían por el mismo precio por el que adquirieron. Los que ven peligrar más su inversión son aquellos que obtuvieron alguna de las 389 parcelas que ofrece la firma alrededor del campo de golf. «En su momento parecía una buena operación, yo compré una y un amigo de Madrid, otra. Tienen sus papeles y están justo ante la entrada del club, pero, claro, el panorama ha cambiado», explica Jesús Picazo, que mantiene en su finca un cartel de se vende desde hace meses.

Este coruñés pide 150.000 euros por una parcela en la que se puede levantar un chalé de 240 metros y que le costó 120.000. Reconoce que bajaría el precio si aparece un interesado. «Probablemente, vendería ya por lo que pagué hace cuatro años, lo de comprar y comerciar para ganar se acabó y hay que darse cuenta», detalla antes de precisar que no se dedica al sector inmobiliario. En su mismo caso están casi todos los propietarios de los apartamentos en venta. Ninguno es un profesional, solo pequeños especuladores que intentaron sacar partido de sus ahorros e incluso llegaron a solicitar un préstamo para completar la inversión.

Jardines abandonados

Guillermo García es ferrolano y de los primeros que se hizo con un apartamento de 47 metros, de un dormitorio, pero con un jardín en el que ahora hay toxos de más de un metro. Le costó 70.000 euros y lo alquila por 350, pero le interesa más venderlo: «Ahora pido 105.000 euros y he bajado el precio, antes eran 120.000», precisa. Cerca de su casa, la propietaria de un apartamento idéntico se ha adelantado en saldar la casa: «Pido 90.000 euros negociables, pero la verdad es que la casa está muy bien, es una ganga», razona.

En el resto de la urbanización se ven más carteles de inmobiliarias que cortinas o signos de que las casas están habitadas. El trasiego de coches es casi inexistente y los pocos que se ven son de veraneantes. «Somos de A Coruña y estamos contentos, pero falta un poco de vida», precisa una vecina.

La crisis atrae a buscadores de gangas. «Somos de Barcelona y estamos de vacaciones. Nos dimos una vuelta por si encontrábamos una oportunidad, pero la verdad es que nos hemos encontrado con una ciudad fantasma», explica una mujer antes de preguntar por la salida más cercana de la urbanización.

La Voz de Galicia

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