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Caída hipotecaria: Crónica de una crisis anunciada

3 de Enero de 2008 · Clasificado en: Noticias, Vivienda , trackback

Los síntomas de la crisis que se avecinaba empezaron a sentirse desde enero. Durante los dos primeros meses del año las sirenas de alarma de los prestamistas subprime —los que asumen mayor riesgo cobrando a cambio intereses más altos— comenzaron a sonar de forma sucesiva y para marzo más de una veintena de ellos se había declarado en bancarrota o estaban al borde del cierre.Lo que para el sector hipotecario se estaba convirtiendo en una sacudida sin precedentes, para muchas familias como la de Joel Toscano era el fin del “sueño americano”.

Toscano había conseguido dos de los grandes objetivos de muchos inmigrantes: comprar casa y crear su negocio, y perdería ambos a consecuencia de esta convulsión financiera que para él era totalmente inesperada.

En febrero 2006 cuando el epicentro del boom inmobiliario había pasado ya, pero el mercado estaba todavía “caliente” y conseguir crédito era relativamente fácil, los Toscano (matrimonio y tres hijos menores) compraron una casa en Cabazón, en el condado de Riverside, a un precio de 300 mil dólares con unas condiciones relativamente seguras: 10% de enganche y préstamo fijo, aunque de interés alto, 9.25%.

“El plan era refinanciar en dos años, en condiciones mejores, gracias a la apreciación que nuestro agente de préstamos daba entonces por garantizada”, dice Toscano.

El propietario se beneficiaba entonces de sólidos ingresos del negocio que había creado recientemente, una mueblería ubicada en San Jacinto, en la que no faltaban clientes, muchos de ellos nuevos propietarios como él, hasta que en la primavera de 2007 empezó a notarse el bajón.

Abril fue el mes en que New Century Financial, el segundo mayor prestamista subprime del país se declaró en bancarrota, confirmando que la crisis es profunda y no afecta sólo a compañías menores. Es, para muchos el principio del fin del sector subprime tal como fue concebido un par de décadas antes.

“El sistema estaba basado en el principio de que en tanto el prestatario tuviera trabajo, cumpliría con sus pagos”, dice Edward Leamer, director del pronóstico económico Anderson de UCLA, comentando que, según ese razonamiento, los precios de las viviendas no bajan, y los impagos no suben si no hay pérdidas generalizadas de empleo.

Sin embargo, nadie pareció prestar atención al hecho de que esta vez, los criterios de crédito se habían relajado tanto que los ingresos personales del comprador importaban mucho menos que la plusvalía casi instantánea que se esperaba de las viviendas, contando con que la apreciación galopante de los últimos meses se mantendría.

Pero según Eli Tene, fundador de I Short Sale Inc., no fue tanto ceguera como codicia. Tene razona que si profesionales inmobiliarios como él —que creó su empresa en 2004— anticiparon que iban a producirse impagos y embargos masivos, también podrían haberlo hecho los prestamistas.

“Pero ellos no estaban usando sus fondos, sino generando préstamos a lo loco para venderlos en Wall Street”, dice Tene, comentando que dentro de esta lógica, en tanto hubiera inversionistas disponibles, la actitud era la de “toma el dinero y vete”.

Mayo es el mes en que Toscano tiró la toalla. La mueblería había pasado de generar entre 30 y 40 mil dólares en ventas mensuales en sus mejores tiempos a mil o menos. Abonar los 2,144 dólares de hipoteca mensual pasó a estar fuera del alcance de la familia. La casa se había devaluado, y no había compradores dispuestos a pagar el balance de casi 270 mil dólares adeudados en el préstamo. Toscano cierra el negocio y deja de pagar el préstamo hipotecario.

“Los latinos son los que más han sufrido esta situación nunca vista”, dice Gary Acosta, fundador de la Asociación Nacional de Profesionales Hispanos de Bienes Raíces (NAHREP).

En el verano la crisis se aceleró alcanzando su epicentro en agosto. La banca europea y china, entre otras, restringen sus operaciones financieras con EU, evitando los fondos respaldados por operaciones hipotecarias.

El problema se ha globalizado. En el ámbito nacional las malas noticias se acentúan. Ameriquest cierra operaciones, American Home Mortgage se declara en bancarrota, y Countrywide Financial Corporation, el mayor agente y gestor de préstamos del país, apenas consigue evitarla gracias a un préstamo de emergencia de 11,000 millones de dólares aportados por un grupo de bancos.

“Al menos aunque el año que entra sea duro, no habrá tantas noticias alarmantes como en el que termina”, dice Kei Matsuda senior economista de Union Bank of California, señalando que eso ayudará a controlar el pánico y concentrarse en afrontar la situación aprovechando el impulso de otras industrias —como exportación— que podrían absorber en parte los estragos en el mercado inmobiliario y crediticio.

Mientras tanto, el año se salda con más de un millón de hogares embargados (hasta noviembre eran 1,082,712, según Foreclosure.com), y 103,000 millones en pérdidas inmobiliarias, según el Comité de Economía del Congreso una cifra que incluye 70,800 millones en pérdidas directas por embargo, así como las indirectas en disminución de valor de las propiedades, deterioro de vecindarios e impuestos de propiedad. California encabeza la lista con pérdidas de casi 24,000 millones de dólares.

Unas 82 mil personas han perdido su empleo en la industria hipotecaria, a los que se suman cientos de miles en la construcción, más las reducciones en otras empresas dependientes (como la mueblería de los Toscano) del sector inmobiliario y crediticio.

Ahora 2008 se perfila como un año difícil. Enero será el mes en el que probablemente la familia Toscano sea expulsada de la que ya no es su casa (la vivienda ya ha sido embargada) y un millón más de propietarios podría correr la misma suerte de aquí a fines del año próximo, dependiendo de lo efectivos que sean los esfuerzos de mitigación de pérdidas por parte de la industria y del gobierno.

La crisis, como dirían los guiones que estos días no se escriben en Hollywood, continuará…

La Opinión

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