Un empresario Robin Hood en pleno capitalismo
18 de Diciembre de 2007 · Clasificado en: Noticias , trackback“Estamos volviendo al siglo XIX, cuando en mi pueblo había condes y barones, por un lado, y aparceros, por el otro, y se decía que los cerdos nacían sin piernas porque los jamones debían ir a los señores”. Eso debió pensar Enzo Rossi, empresario italiano, de 42 años, un día cualquiera al despertarse. Una reflexión que le llevó a bajarse el sueldo para que sus empleados ganaran más. Sí, como lo oyen. Enzo Rossi, dueño de la fábrica de pasta Campofilone, es simplemente un héroe. Una persona que pensó que iba a ser más feliz si sus empleados eran más felices. ¡Y qué mejor que usarse a sí mismo como conejillo de indias!.
Tras comprobar que ni él ni su mujer, que también trabaja en la compañía, llegaban a fin de mes con 1.000 euros, subió la nómina de sus trabajadores 200 euros netos al mes. Después de pagar las facturas del agua, el gas, el seguro del automóvil y haberse apretado el cinturón con el dinero de bolsillo diario, Enzo Rossi sólo sobrevivió hasta el día 20. Hizo sus cuentas y se deprimió más todavía: “Eso significa que en un año entero habría estado sin dinero durante 120 días al año; eso no es sólo pobreza, es también desesperación”.
Rossi, que ha dejado el anonimato al ocupar espacio y tiempo en los medios de comunicación, sintió que se asfixiaba por no llegar a fin de mes. “Me he sentido como cuando uno se sumerge en el mar a veinte metros de profundidad y descubre que la bombona de oxígeno se ha agotado”. Para los que son empresarios, o sea, como nuestro héroe italiano que rompe moldes en pleno capitalismo, el aumento del coste de la vida apenas se nota. “Para mis trabajadores que en Italia haya subido el nivel de vida 150 euros supone no poder pagar una avería del coche o no poder comprar un ordenador a su hijo; mi empresa ha tenido beneficios en los últimos dos años, luego no es justo que el único en disfrutarlos sea yo”.
Y esta historia que parece una fábula es real; tan real como la tragedia que viven los mileuristas españoles, que también son héroes por hacer encaje de bolillos no para vivir, sino para sobrevivir. Y, como Enzo Rossi, los mileuristas son noticia por ostentar el penoso título de ser la generación mejor preparada de la historia de España, la del baby boom; o sea, treintañeros, universitarios y con idiomas. Pero, ¿para qué sirve el esfuerzo de estudiar una carrera si los titulados españoles están a la cola de los sueldos en la UE? Sólo ganan menos los universitarios checos.
El mileurista constituye ya una nueva clase social; esa a la que se refiere Enzo Rossi, haciendo un tratado de sociología: “En los últimos decenios la vida de los trabajadores creció y la diferencia con las otras clases sociales había disminuido. Pero ahora se está volviendo atrás y hay que remediarlo”. Sí, se está volviendo atrás, y los pobres de hoy son los jóvenes: menos de la mitad de los universitarios españoles (40%) tiene un puesto de trabajo acorde con su cualificación, según el informe Eurydice de la UE. Eso no es todo: la tasa de paro entre los titulados de 25 a 34 años es del 11,5%, una de las más altas de la Unión Europea.
Si les diéramos a elegir, igual más de uno de estos jóvenes preferiría elaborar pasta artesana en la fábrica Campofiloni, en vez de toparse contra un mercado laboral duro y poco alentador. Al menos trabajarían para un empresario filósofo, que es un ejemplar en vías extinción, de cuyos principios morales podrían aprender. Al menos Enzo Rossi les mimaría y les haría sentirse mejor que dejándose la piel y las ilusiones en cualquier empleo precario. Y todo por 1.000 euros pelaos.
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