Erase un sector, el inmobiliario, que parecía invencible. Su cuenta de resultados engordaba día tras día, su valor se disparaba en los mercados y su ascenso hacia el infinito parecía irrefrenable. “El ladrillo no baja de precio, sólo se mantiene”, era la máxima del sector. Hasta que la fase de burbuja en que se habían embarcado terminó. A toro pasado, el giro en el sector parece acercarse al significado de brusco frente al suave.
Dos de las grandes compañías han cerrado el tercer trimestre con fuertes pérdidas en su cuenta de resultados. Astroc, con 96 millones, encabeza la cuenta de pérdidas del sector, seguida muy de cerca por Reyal Urbis, con 67,5 millones. Ambas están expuestas al negocio promocional, que es el que está sufriendo especialmente las restricciones de crédito de bancos y cajas, así como la caída de precios de la vivienda. Al otro lado, continúa impasible Metrovacesa, que superó los 1.000 millones de beneficio hasta septiembre.
De la bonanza a la desdicha
Las empresas inmobiliarias viven su peor momento en años, cuando hace tan sólo doce meses caminaban como colosos, no sólo por el mercado, sino por el mundo real. Las compañías del sector en España se lanzaron OPAs en los últimos doce meses por valor superior a los 14.000 millones de euros y su valor en bolsa llegó a los 52.000 millones.
“No queremos perdernos la fiesta”, reconocía en febrero un operador de un hedge fund que acababa de entrar en Fadesa, en la cresta de la ola del sector, que junto a otros fondos especulativos han ganado dinero con la caída de las acciones inmobiliarias.
Las cifras de preventas -pisos vendidos con señal del comprador, pero cuya venta no está cerrado- han caído casi un 19% en los nueve primeros meses de 2007 respecto a 2006, hasta 4.900 millones, entre las grandes empresas del sector, entre las que se incluyen Fadesa, Metrovacesa, Reyal, Colonial, Realia, Parquesol o Vallehermoso.
La banca fuerza el cambio de ciclo
En mayo comenzaron a darse los primeros síntomas de este cambio de sesgo. La banca comenzó a cerrar el grifo del crédito a las promotoras ante las señales de aterrizaje en el sector, después de revisar sus balances y ver con horror como el ladrillo se convertía en una amenaza con una deuda acumulada de 250.000 millones. Una losa demasiado pesada como para ignorarla y seguir alimentando sus necesidades. La bolsa ha cortado en 30.000 millones el valor de las inmobiliarias desde el pasado mes de marzo, cuando comenzó la crisis bursátil en España a raíz del derrumbe de Astroc.