Almenos alguien se alegra de ser mileurista (podría ser peor)
26 de Octubre de 2007 · Clasificado en: Noticias , trackbackMañana comienzo mi nueva vida de mileurista en la fabulosa empresa que regala galletas a sus empleados. Aunque no seré mileurista a partir de mañana, sino el 10 de noviembre: es lo que tiene trabajar a través de una ETT. Que pagan tarde. Concretamente, la mía paga el 10 de cada mes. Y como esta última semana de septiembre la cobraré el 10 de octubre, el mes de octubre lo cobraré el 10 de noviembre, y ese día ya podré gritar a los siete vientos que soy mileurista. Y también quejarme de ello.
No sé muy bien cuáles son mis funciones en la empresa; sólo sé que trabajo en un departamento con un nombre muy rimbombante, “Sociedad de valores”, y que se dedican a gestionar fondos de inversión. Una de las personas que trabaja allí se va a operar -no sé de qué- y voy a sustituirla.
Me intriga mucho que en esta empresa enferme tanta gente. Cuando estuve en verano en esta misma empresa, repartiendo felizmente cartas, paquetes, folios y galletas por doquier, también sustituía a otra compañera que se había operado. Y allí hablaban de más gente que había pasado por quirófano.
Es un tema que me intriga mucho. Los edificios donde se trabaja son muy habitables, el sueldo es muy bueno, el horario es razonable, los viernes salimos antes, se libra los fines de semana, el trabajo no es demasiado estresante, hay barra libre de galletas y sobre los compañeros, hay de todo, como en todos los sitios.
Me sorprende que la gente enferme tanto aquí y no en otras empresas donde he trabajado, en las que teníamos horarios inhumanos (de 8:00 a 20:00, de 12:00 a 20:00, de 15:00 a 23:00, de 9:00 a 19:00, por decir alguno de los que he sufrido personalmente), en las que jamás teníamos libre ni un fin de semana ni un festivo, había que pedir permiso para ir al baño (que te lo podían dar, o no), tenías que llevarte las galletas de casa y no llegábamos a los 600 euros ni soñando. Bueno, yo una vez sobrepasé la frontera psicológica de los 600 euros trabajando un mes entero de 8:00 a 20:00 y librando un día a la semana. Para morirse. Y allí estábamos todos más sanos que una lechuga. Aunque confieso que también en esas empresas todos simulamos alguna vez una enfermedad para tener algún día libre, aunque fuera sin cobrarlo. Pero allí no se operaba nadie.
Por eso, no entiendo cómo la gente enferma tanto aquí. Trataré de averiguarlo durante el tiempo que esté haciendo la sustitución.
Estoy contenta de empezar este trabajo, aunque me hayan cambiado de edificio y ya no pueda cantar la canción de Isabel Pantoja ni mi versión de Soy minero. Esta semana que entra estaré con la persona de la misteriosa operación y después ya me quedo sola ante el peligro con mis nuevos compañeros el tiempo que dure su baja.

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